Cuando te confiesas culpable y descansa tu corazón
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Cuando te confiesas culpable y descansa tu corazón

En la escala del perdón, hay cosas que consideramos imperdonables, otras difíciles, y tal vez otras más sencillas, sin embargo, no hay mucha costumbre de pedir perdón ni por las más pequeñas, y difícilmente se puede perdonar al que no te pide ese favor.

La película nos muestra distintas situaciones en que se junta la culpa, el daño y la necesidad de reconciliación. Sin embargo hay una en la que esto se llega a explicitar en todas sus fases, y es la situación entre las dos hermanas, enfrentadas desde pequeñas. Durante la película sabremos qué las enfrentó, o más bien, qué hizo que «la mala» fuera la mala y qué esconde realmente «la buena». El hecho en sí era una tontería, la verdadera acción, la mentira, y la impotencia de quien decía la verdad, que experimenta una falta de amor muy grande y que se va acentuando a lo largo de su historia como la herida abierta en la que recibes todos los golpes y condiciona todos tus actos.

En este marco, tenemos a dos personas que sufren: por una parte la Reina Roja, por el daño que le han causado y por la gente a la que odia y no puede perdonar; y por otro lado, la Reina Blanca, que se siente culpable por lo que hizo, pero no se atreve a reconocerlo y teme que su hermana no la perdone. Así que la víctima sufre doblemente: por el daño y por no poder perdonar.

Por difícil que parezca a veces perdonar, es matemática pura para esta ecuación que tiene una única solución: el perdón. El daño causado no se podrá revertir en la mayoría de los casos, pues va ligado a la historia vivida, pero el daño que está por venir sí se puede detener. En el momento en que la Reina Blanca se reconoce culpable y pide perdón, la Reina Roja experimenta de nuevo el amor y es capaz de, primero dejar de odiar, y luego probablemente perdonar. Esto no es seguro que funcione, lo que es seguro es que cualquier otro camino solo trae más dolor a las dos partes.

Algunas citas bíblicas a la luz de la película

  • Lc 15:21 – Uno de los episodios de perdón más importantes del Evangelio, la parábola del hijo pródigo, en el momento en que el hijo confiesa al padre cómo se siente: indigno de ser hijo suyo. El perdón del padre le devuelve la dignidad.
  • Mt 5:23,24 – Muchas veces nos creemos buenos, tratamos de olvidar o enterrar el mal que hemos causado a otra persona y seguimos como si nada. Jesús llama la atención a los que hacían eso en su época y les recuerda que nada que hagan por Dios es sincero si no piden perdón antes a su hermano.
  • Sal 50:17 (51:17) – Todo el salmo 50 es el canto de arrepentimiento del rey David ante su pecado, es una forma de poner en palabras un profundo sentimiento de dolor y arrepentimiento, de pequeñez delante de Dios. Pero sobre todo de confianza en el amor misericordioso del Padre

 

 

¿Algo se mueve?

¿Algo te quita la paz? ¿alguna ofensa recibida o provocada? Si de verdad buscas ser feliz acude al perdón, a pedirlo o a darlo. Pero no creas que será fácil, lo más seguro es que necesites la ayuda de Dios.

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